lunes, 2 de marzo de 2026

 


    Semiótica del “Crimen Organizado”
    Fernando Buen Abad Domínguez. 

    Defender un movimiento de masas 4T implica combatir la narco-cultura narco-mediática de las derechas. Usan la expresión “crimen organizado” para tapar con máscara de “narcotráfico” al neoliberal-capitalismo, que es una de las canalladas criminales más cruentas dedicada a robar el producto del trabajo y la materia prima a costa de sangre, sudor y lágrimas de los pueblos. No existe registro contable global del “capital robado”; son estimaciones a partir de datos fiscales, transacciones financieras, evasión fiscal, transferencias de capitales, etc. Por ejemplo, desde 1980-1990, con la apertura de mercados, privatizaciones, desregulación financiera, se calcula conservadoramente la sustracción acumulada de 300 a 700 mil millones de dólares. 
    De 1990 a 2000, con la expansión neoliberal: 0.8 – 1.5 billones de dólares.  Entre 2000 y 2010: Auge de capital financiero y crisis global, $5 y $10 billones.  2010 – 2025: $8 – 15 billones han sido transferidos desde economías del Sur a beneficios financieros concentrados. Podría considerarse más de 20 billones de dólares, sin contar el valor de esos capitales si hubieran permanecido en economías productivas con reinversión social. 
    Vivito y coleando hasta la fecha, el neoliberalismo es una maquinaria de apropiación del valor producido por los pueblos, un crimen organizado que tras la fachada de mercados “libres” y “competitivos” oculta un entramado delictivo de saqueo, despojo y control simbólico.  Cada índice, cada signo monetario, cada indicador de crecimiento no es neutro; son vectores semióticos de explotación que ocultan el drenaje real del producto social. La producción de sentido neoliberal funciona como un dispositivo de enmascaramiento; su semiosis no informa, sino que normaliza la apropiación de lo ajeno, configura la percepción de lo inevitable y reproduce la obediencia social mediante la internalización de la desigualdad como “ley natural”.
    En el núcleo de esta estructura, la violencia económica se camufla de manera sutil y simbólica: las cifras de desempleo, las privatizaciones de bienes comunes, la criminalización de la pobreza, la desregulación de mercados estratégicos, la eliminación de derechos laborales y el recorte de servicios esenciales operan como signos de dominación, cuyo efecto no es inmediatamente visible. La semiósfera neoliberal se sostiene mediante la creación de una narrativa de inevitabilidad y eficiencia, que oculta la continuidad histórica de saqueo y apropiación, generando la ilusión de que las desigualdades son consecuencia de la competencia justa y no de un orden sistemático de depredación.
    Ese “crimen organizado” que el neoliberalismo encarna se despliega en múltiples niveles: económico, jurídico, mediático, cultural y simbólico. Cada contrato financiero, cada reforma legislativa y cada campaña mediática constituyen un signo operativo que articula un entramado de dominación. Las instituciones internacionales, los bancos y los grandes consorcios actúan como nódulos semióticos que coordinan la circulación de riqueza y la imposición de discursos, generando un flujo continuo de signos que reproduce la alienación y el despojo. Red de signos que legitiman lo ilegítimo y naturalizan lo criminal.
    Dicen que son lo mejor que pudo pasarnos. Una máquina de subjetivación, que no sólo explota los cuerpos y la fuerza de trabajo, deforma el pensamiento, las emociones y la percepción de la realidad. Sus semiosis de mercado introducen en las conciencias la idea de que la precariedad, la competencia individualista y la privatización de la vida social son inevitables, y que rebelarse es irracional. Paisaje semiótico de miedo y normalización, donde los discursos sobre deuda, déficit, productividad y eficiencia son signos que disciplinan y controlan, enmascarando la violencia real detrás de un lenguaje de neutralidad técnica. Su violencia económica se traduce en hambre, enfermedad, exclusión y migración forzada; la violencia simbólica, en miedo, culpa y resignación; y ambas se cruzan en la creación de semiosferas de obediencia y dependencia. Hasta la fecha.
    Cada noticia sobre crecimiento económico, cada gráfico sobre índices financieros, cada titular mediático que celebra privatizaciones o flexibilizaciones laborales funciona como un signo que refuerza la narrativa de legitimidad, ocultando los crímenes estructurales: expropiación de la riqueza social, concentración de capital, destrucción de comunidades y exterminio silencioso de los más vulnerables. Además, establece jerarquías semióticas: ciertas voces, símbolos y narrativas se promueven mientras otras se desarticulan o se invisibilizan. 
    Sus medios de comunicación, think tanks, publicaciones académicas y plataformas de “redes sociales” funcionan como nódulos de sentido, que consolidan la hegemonía. En este sentido, se puede hablar de un orden criminal semiótico, donde la semiosis se usa como arma para garantizar la reproducción social de privilegios y desigualdades. La guerra cognitiva no se limita a información falsa, sino a la saturación de significados, la fragmentación de interpretaciones y la creación de confusión, que convierte la conciencia social en terreno de apropiación simbólica constante.
    Con un análisis semiótico del neoliberalismo se revela su estructura como crimen organizado de mercado, deuda, privatización y flexibilización; cada uno funciona como vector de extracción de valor, perpetuando un orden criminal que se sostiene en la percepción de inevitabilidad y legitimidad. Así, la verdadera batalla no se libra sólo en la economía ni en la política, sino en el terreno de los signos y del sentido. 
    Cada disputa consciente por el sentido, cada narración alternativa, cada recombinación semiótica de resistencia constituye un arma contra la criminalidad estructural que el neoliberalismo representa. Así, el combate semiótico se convierte en una estrategia esencial para evidenciar lo invisible, denunciar la apropiación sistemática de riqueza, exponer la violencia simbólica y reconstituir los sentidos sociales para que la producción del trabajo, la cultura y la vida misma de los pueblos deje de ser objeto de extracción y dominación.


       Semiótica del “Crimen Organizado”      Fernando Buen Abad Domínguez.       Defender un movimiento de masas 4T implica combatir la nar...