jueves, 15 de octubre de 2015

¿Por qué un Frente Internacional
de la Comunicación Emancipadora?
Fernando Buen Abad Domínguez

"¡Proletarios de todos los países, uníos!" (Proletarier aller Länder, vereinigt euch)

No hay tiempo que perder, las oportunidades son de oro
Carlos Marx, que era también un comunicador tozudo, pensaba que la única manera de librarnos del yugo capitalista era avanzar unidos, no amontonados, no en tropel, no en estampida, no amorfos... No con cualquier "Unidad", no uniformes, no sin identidad y no sin diversidad. No reformistas, no reconciliadores, no olvidadizos. Pensaba en la Unidad para lo inmediato y para los largos plazos, pensaba en la Unidad como un salto cualitativo de la conciencia, no utópica sino concreta, racional y de corazón. Pensaba en la unidad como peldaño necesario para salir de la prehistoria y construir la etapa verdaderamente histórica de la humanidad, esta vez sin clases sociales. Pensaba, pues, en una Unidad rica y sabrosa compendio de las mejores ideas, acciones y voluntades que se empeñan en impulsar el desarrollo y el bien común a toda costa. Una Unidad que implica mucho más que acuerdos de coyuntura o episodios diplomáticos para salir del paso. Marx pensaba en una Unidad inmensa y generosa plena de retos y promesas que se ofreciera siempre dinámica y frondosa en las manos proletarias que luchan por emanciparse. En fin una Unidad dialéctica y sin simplismos que sigue siendo asignatura pendiente y desafío nuestro.
No saldremos de las trampas que el capitalismo nos tiende a mansalva si no logramos construir nuestra Unidad de clase armados con un programa socialista para la revolución permanente. Hay que insistir en el problema de la Unidad y en la trascendencia que tiene aprovechar el tiempo y las oportunidades para las luchas emancipadoras, reiterar, sin cansancio, lo lamentable que es perder el tiempo y las oportunidades que pueden ser usados, paradójicamente, en nuestra contra. Nuestras tareas consisten en estar a favor del proletariado -de las masas- y de la maduración irreversible de la Unidad. ¿Hay algo acaso más importante?
El cúmulo de los problemas y estragos que enfrentamos por ser blanco y víctimas de la ofensiva mass media burguesa, de la guerra ideológica con sus episodios de terrorismo mediático y de la violencia simbólica contra la conciencia de la clase trabajadora, es de tal calibre y extensión que, se vea por donde se le vea, siempre queda claro que estamos en desventaja, en condiciones asimétricas, a veces lentos y muchas veces débiles. Nada de lo cual quiere decir incapaces. Y no obstante el despojo, el secuestro y la subordinación de las herramientas para la comunicación, tenemos hoy un escenario mundial extraordinario donde fermentan y crecen, de manera desigual y combinada, experiencias emancipadoras que impulsan la liberación honesta de los caudales expresivos revolucionarios. Es decir la libertad de expresión verdadera. Pero estamos, por causas muy diversas, atomizados y divididos mientras las burguesías lo celebran.
Hoy no tenemos manera de eludir la tarea de unirnos en el sentido en que Marx lo penaba, de unificar fuerzas y talentos para que todos nuestros medios de comunicación, inspirados en la transformación profunda de la realidad y la superación definitiva del capitalismo, contribuyan sistemática y efectivamente, al acenso del proletariado, al florecimiento de la revolución y a la construcción de su poder socialista. Ha llegado un momento exigente para luchar por elevar la conciencia de la totalidad del proletariado y poner al servicio de esa lucha todos nuestros medios y modos de comunicación democráticos que entienden la lucha por los intereses inmediatos de los trabajadores y también sus intereses mediatos.
Hoy no hay excusa que valga para eludir la Unidad. Nuestro interés en la lucha comunicacional emancipadora debe tener por prioridad el interés del movimiento revolucionario mundial. Es necesario un Frente Internacional de la Comunicación Emancipadora como acción política la clase proletaria que hoy cuenta con miles de activistas de la comunicación pero que no cuentan suficientemente con la Unidad de programa, de acción y de dirección. Este tiempo es un tiempo extraordinario que de no aprovecharse puede tronarse en cierto reflujo, puede generarnos sentimientos de retirada, de merma en el estado del ánimo, de decepción y abandono. No podemos correr ese riesgo. A estas horas un continente entero, pese a todos los pesares, conserva e impulsa sus ideales revolucionarios. No hay excusa para dilatar la Unidad especialmente cuando el continente enfrenta el momento de nuevas elecciones de jerarquía geopolítica histórica. Brasil y Venezuela por ejemplo.
Tenemos muchos medios muy desorganizados. Tenemos un terreno excelente para nuestra propaganda a través de los medios alternativos y comunitarios, las universidades con algunos estudiantes y profesores críticos, los medios de los gobiernos democráticos de verdad... tenemos la prensa de muchos partidos revolucionarios y muchos movimientos sociales y, también tenemos mítines, discursos, cátedras, asambleas, manifestaciones... herramientas excelentes que languidecen si no se organizan... si no se unen.
Por desorganizados tenemos periódicos sin lectores, televisoras públicas sin público, revistas sin audiencias... porque entre otras calamidades tenemos ciertos sectarismos -de género muy diverso- que ahuyentan a las masas y desilusionan a los trabajadores. El resultado suele ser que tenemos pueblos movilizados con urgencias de cambios radicales, que olfatean el rumbo pero que no encuentran qué leer confiable porque esencialmente perciben desorganización, tendencias individualistas y tufos burocrático-sectarios. Mal de males. Así pues, nuestra desorganización se vuelve instrumento de la burguesía, ella a cambio se organiza y nos derrota.
Y nuestra tarea es ahora la Unidad. Combatir los vicios que nos des-organizan, impulsar un Frente imbricado hondamente con las luchas del proletariado. Frente a favor de la revolución cuya comunicación sea acción de conjunto del proletariado asegurado de englobar a todas las opiniones, todas las tendencias, con base democrática efectiva y luchar por los intereses mediatos e inmediatos. Es necesaria la unidad de acción, esa debe ser nuestra táctica. Unidad de acción contra los reformistas y contra los sindicaleros corruptos. Unidad de acción que construya un programa muy flexible, pero al mismo tiempo enérgica, porque la dirección seguirá siendo la misma. No confundir las tácticas con los principios.

Necesitamos un Frente Internacional de la Comunicación Emancipadora porque en el tiempo y en las condiciones actuales nuestros triunfos borraran todo obstáculo psicológico, todo escepticismo, todo desánimo y eso tiene una gran importancia. Necesitamos la Unidad en un Frente Internacional de la Comunicación Emancipadora como resultado de una situación proactiva creada por nosotros en una organización de acción inmediata completamente dentro de la lógica de las tareas que nos debemos. Este Frente sentirá la necesidad de hacer toda acción posible, mediante la propaganda, mítines o demostraciones, hay camaradas que lo necesitan y lo reclaman, son optimistas y no le tienen miedo a los agentes del imperialismo. Necesitamos un Frente que de ninguna manera abandone la Unidad organizativa, bajo ningún concepto abandone la lucha ideológica y mantenga una posición firme en todas las tareas y tácticas de la Unidad revolucionaria que exige precisión teórica y política en interés del porvenir humano. Las condiciones están dadas. ¿Nos unimos?
Reseña de “La guerra simbólica.
Hacia una semiótica para la emancipación” de Fernando Buen Abad Domínguez
Guerra (simbólica) al capital
Por Oriol Alonso Cano
Rebelión
La guerra simbólica. Hacia una semiótica para la emancipación, de Fernando Buen Abad Domínguez. Edicions Bellaterra, 2012, Barcelona, 264 páginas.
La guerra que el capitalismo libra al mundo libre de sus ataduras ya no es solamente material sino que, por el contrario, la contienda se desenvuelve principalmente en el horizonte simbólico, en el plano semiótico. Simplificando un tanto (inmerecidamente) la cuestión, esta sería la provocativa y lúcida tesis que vertebra la totalidad de la obra de Fernando Buen Abad Domínguez. Si hasta hace pocas décadas, el yugo del capitalismo se manifestaba de una forma estructural, producto de la desigualdad económico-social que genera la inevitable lucha de clases, en los últimos tiempos el territorio donde el dominio capitalista mejor se desenvuelve es en el imaginario, expresado psicoanalíticamente. De ahí que, una de las formas más eficaces que tiene de legitimarse estriba en servirse de toda una serie de aparatos de orden simbólico –medios de comunicación, industria cultural….) para no sólo difundir e inocular su mensaje, sino también para estructurar de una forma prístina la experiencia de los sujetos.
Siguiendo las tesis de Buen Abad Domínguez, muy cercanas en el espíritu a las planteadas por Zizek a lo largo de su crítica a la ideología, la eficacia semiótica del discurso capitalista se erige en uno de los mecanismos más útiles para generar la ideología propia del paradigma capitalista. Sin embargo, no se trata, como nos expone la perspectiva tradicional, de que lo ideológico se constituye en el mero reflejo de una infraestructura caracterizada por las desigualdades y desequilibrios económicos, producto de la apropiación de capital por parte de una clase determinada del orden social, sino que la cuestión estriba en que la ideología es un instrumento que genera por sí sola realidad. Al servirse de todos los instrumentos simbólicos (entre otros), la ideología se encarga de generar experiencia en el sujeto. Dicho sucintamente, lo ideológico no sólo oculta el auténtico estado de (desigualdad) las cosas, ya que además se encarga de gestionar, forjar y producir una nueva realidad en los individuos. Evidentemente, dicha realidad novedosa, se halla perfectamente acorde con la lógica explotadora que caracteriza el capitalismo. Ahora bien, la ideología ya no es solamente el reflejo especular de un orden material, sino que ella goza de una cierta dosis de autonomía y, por ese motivo, se encarga de producir por sí misma realidad.
Al exhumar este carácter estructural que goza lo semiótico para con la percepción que tiene el sujeto de la realidad, la obra de Buen Abad Domínguez, se erige en uno de los análisis más penetrantes y diáfanos del verdadero devenir del paradigma capitalista.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=166066


martes, 22 de enero de 2013


Imagen de http://www.chemamadoz.com/
Guerrilla semiótica

Fernando Buen Abad Domínguez

La revolución de la comunicación por todos los medios


No esperaremos a que se desvanezca por sí solo el monstruo mediático de las “mil cabezas”. Quitémosle, por lo pronto, la base de sustentación que es nuestro cerebro. Ni todas las asimetrías -realmente existentes- en el escenario de la guerra comunicacional planetaria, alcanzan para convencernos de quedarnos quietos. Para que seamos incapaces de comprender la realidad y transformarla, la burguesía nos atiborra el cerebro con ilusionismo consumista. Basta. En todas las “ideas” de la clase dominante existen componentes extorsivos para convencernos, directa o indirectamente, de ser esclavos felices. Ya podríamos desarrollar una guerra de guerrillas [1] semiótica que tuviera por objetivo “asaltar los cielos” de la libre expresión socialista con una revolución de la comunicación por todos los medios. ¿Qué hace falta?
Es falso que nada puede hacerse, es falso que los monopolios son intocables e indemnes, es falso que nos quede sólo la resignación y el silencio. La estructura toda del capitalismo está plagada con fisuras originadas por la improvisación y el empirismo de su desarrollo anárquico y dispendioso. Trabajaríamos como ciegos si asumimos como verdad absoluta esa super mentira (propagada a los cuatro vientos) sobre lo “intocables” que son los monopolios de la comunicación del capitalismo. Su peor debilidad, la más grande, es la organización política de los pueblos con fortaleza crítica.

Podríamos desarrollar un inventario de “fisuras” y “grietas” del capitalismo, medidas por antigüedad, espesor, profundidad y vulnerabilidad. Podríamos evaluar con qué hacerle más daño a los medios y los modos que la burguesía emplea contra el pueblo trabajador para embrutecerlo, alienarlo y explotarlo. Podríamos recorrer las experiencias exitosas y repetirlas, perfeccionándolas. Podríamos, incluso, organizarnos con un solo plan multiplicado por miles de frentes para cercar a las matrices ideológicas burguesas con una pinza de crítica aguda, científica, popular y revolucionaria.

Hace falta la audacia, el talento, la claridad política y el sentido de clase que, por ejemplo, Hugo Chávez desarrolló con su “Aló Presidente”: los recursos mínimos con el máximo resultado semántico y político. Hace falta la síntesis y el sentido de la historia que tuvieron las “Tesis de abril”; hace falta la poesía de Miguel Hernández, la pasión de Flores Magón; el pundonor de Rodolfo Walsh; la firmeza de John Reed. Hace falta el clima de las radio difusoras revolucionarias de Bolivia y las certezas antimonopólicas de las leyes de medios ensayadas en la Patria Grande. Hace falta la disciplina y la entrega de los medios alternativos y comunitarios. Por citar algunos ejemplos y fuentes de inspiración moral y ética. Pero, principalmente, hace falta un programa revolucionario para la comunicación emancipada y emancipadora. Independencia política en la independencia semántica.

Con todas esas fuerzas y con las riquezas comunicacionales, desarrolladas históricamente en la resistencia y en la vanguardia, debemos fundar un programa internacionalista de acción semiótica para revolucionar íntegramente la producción social de sentido. Derrotar todas las instituciones ideológicas de la burguesía, sus santorales eclesiásticos, académicos, empresariales y faranduleros… (aunque a veces no se sepa cuál es cuál). Debemos emancipar a los diccionarios, devolverles su derecho social a la libertad semántica y a la renovación dialéctica de los significados. Recuperar el derecho a producir sentido libremente bajo el único acuerdo necesario de ser útil a la emancipación humana y a la superación definitiva del capitalismo. A un mundo sin clases, sin patrones y sin explotación.

Una guerra de guerrillas [2] semiótica ha de operar en los rincones más inhóspitos e inopinados… en las categorías más invisibles. Zonas aparentemente impenetrables de esa “mentalidad sumisa” que estudió Vicente Romano. Ahí donde reina una “tradición” entrar a modificar el sentido en clave popular y revolucionaria. Ahí donde hacen su nido los prejuicios, romper los moldes y re-semantizar los hábitos. Ahí donde las supercherías, los preconceptos, los dichos y los refranes… esclerotizan ideas con moldes moralistas, fracturar la lógica del discurso para que desemboque en un imaginario transformador y revolucionario. Ahí donde las idiosincrasias sancionan vidas y reprimen cambios… detonar los contenedores y limpiar los tóxicos ideológicos que carcomen la libertad humana. Revolucionar los significados.

No permitas que los noticieros burgueses te convenzan de odiar a tu propio pueblo. Que nunca más nos impongan sus definiciones ni sus diccionarios. Cada vez que un noticiero burgués usa la palabra “polémico” para referirse a un líder social, está induciéndote a que lo veas como amenaza. No te tragues el odio oligarca como si fuese tuyo. Piensa. El 90 % de las matrices ideológicas de los medios burgueses es antipolítica. Superproducciones, miniseries, noticieros... para des-movilizarte. Todas las veces que un informativo use la palabra “enfrentamiento” entre luchadores sociales y policías ¡Miente! Es represión vil pero maquillada. Todos los días debes defenderte de la ideología dominante: nada que te humille, nada que te duela, nada que te endeude, nada que te embrutezca. Dignidad. En boca de la derecha la palabra “referéndum” significa odio al pueblo. No te engañe el democratismo burgués ni su llanto de cocodrilo.

La guerrilla semiótica requiere, por ejemplo, bombarderos de precisión para demoler las matrices ideológicas que obligan a los pueblos a votar en su contra. Hay que ganar la gran batalla contra la infiltración de ideología burguesa en nuestras propias casas y hasta la cocina. guerrilla semiótica significa audacia de la inteligencia para desmoronar los castillos ideológicos de la clase dominante y derrotarlos con el razonamiento enamorado de la inteligencia revolucionaria y socialista. Emancipar conciencias. Una guerrilla semiótica requiere de acción emancipadora y multiplicadora en los territorios más invisibles de la conciencia. Emancipación. Cada quien debe asumir su responsabilidad y su trinchera en la guerrilla semiótica. Desmontar el diccionario del engaño con que nos ha derrotado más que por la fuerza. Tarea urgente. 

Notas:

[1] "…la "guerra pequeña" o guerrilla -pequeños destacamentos de maniobras independientes unos de otros- procura debilitar y extenuar al adversario…”. León Trotsky, Guerrilla y ejército regular, https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1919/24vii.htm

[2] “…si por guerrilla se entiende, un método de maniobras rápidas y ligeras, de incursiones, súbitas…” León Trotsky, Guerrilla y ejército regular, https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1919/24vii.htm

Fernando Buen Abad Domínguez. Universidad de la Filosofía.

Blog del autor: http://fbuenabad.blogspot.com/

lunes, 15 de agosto de 2011

Cursos, Talleres y Conferencias

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Este espacio tiene por objetivo hacer conocer las actividades de investigación y docencia que dirijo, en colectivo y en particular, con estudiantes de todo el mundo. 





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